miércoles, febrero 08, 2012

the TREE of LIFE


Hay películas que cuentan historias y otras que transmiten emociones. También hay de las dos. Pero me parece que cuando se aíslan las variables el efecto es mas intenso. Aquí no hay historia. Casi. Hay reflexión. Hay dudas sin respuesta. Hay sentimiento crudo, sin digestión. Suena ultra chapucero pero me parece que es poesía a través de imágenes en movimiento. No se si la entendí. No se si había algo que entender. Pero me transmitió ideas, mensajes, emociones... cosas. Alguna vez escuche que a las mujeres no hay que entenderlas para amarlas, con esta peli me pasa lo mismo. La ame.

Lei que el director de fotografía (que si no se lleva el Oscar hay que cuestionarselo todo) dijo que la fotografía estaba pensada para gatillar toneladas de memorias, como una esencia o un perfume. Y lo logra. Muchas de las secuencias están cargadas de nostalgia.

Ignoro a que apuntaba Malick, pero a mi me hizo pensar sobre la búsqueda de sentido, del gran por qué. Más bien: del para qué. De la inmensidad y al mismo tiempo nuestra pequeñez. De "inventarnos" un ser superior que le de significado a los eventos más difíciles de asimilar. La muerte. La muerte de un hijo. De un hermano. Un ser superior que no responde a nuestros susurros y al que justificamos para facilitar su existencia. Queremos que sea, que exista. Sino nada tiene sentido.

La secuencia inicial es alucinante: la "creación" de una serie de eventos que terminó por escupir una raza de individuos perdidos por el mundo, sin la menor idea de que hacer, de como criar a sus hijos, de como vivir en pareja, de cómo amar, cómo odiar. Incapaces de explicarse a sí mismos. Me parece una ironía del director hablar de dios al tiempo que las imágenes nos muestran la evolución del mundo, la división del cielo y a tierra, la aparición de los primeros seres unicelulares, los dinosaurios, el hombre. Darwin. Ese Darwin tan condenado por la iglesia y desaprobado por casi todas las religiones.

Después de todos esos factores externos está nuestra propia autoexpulsión del paraíso, la pérdida de la inocencia. Ese antes y después de comer la manzana. De recoger el fruto del Arbol de la Vida. Ese niño que ahora es capaz de amarrar una rana a un cohete y hacerlo explotar en el cielo. Ese niño que desafía al padre y culpa a la madre. Que quiere matar, pero al mismo tiempo se desangra por querer volver. Pero esa es una puerta que, una vez cruzada, desaparece. Puertas. La primera puerta es la que atravesamos al nacer (en una imagen alucinante de un niño nadando, emergiendo, a través de un marco de una casa volteada), la última la que cruzamos al morir. Y entre medio tantas puertas mas. Algunas que no tenemos que atravesar, sino dejar ser atravesadas. Desprendernos.

El niño se reconoce en su padre. Y en su madre. Fuerzas internas que se contraponen, porque no hay pura maldad ni pura bondad. Hay instintos (o naturaleza como le puso Malick) y hay cultura (o gracia), las dos fuerzas que en un tira y afloja que dictaminan finalmente quienes somos y que según Freud nos imposibilitan la felicidad.

De todo esto se "trata" la película. O quizás de nada de esto. Como dije, la ame, pero no estoy tratando de entenderla, sino de sentirla.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Te leí y sólo quiero verla. O quizas sentirla.. Te pasaste
G

1:17 a.m.  
Anonymous Anónimo said...

Excelente análisis. Agudo.Poético. Well done, foster son!
Kisses,
Foster Mom

6:39 a.m.  
Anonymous maquitat said...

Quiero verla!

9:41 p.m.  

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